Me preocupa la invasión de la comunicación instantánea, de la comunicación continua donde estar disponible al resto parece ser obligación incuestionable.
Hablar por hablar. Se pierde ya el diálogo con uno mismo, el pensamiento intrínseco que es el que, verdaderamente, nos permite entablar conversaciones con los demás.
Quizás debiéramos quedarnos callados ante antiguas cabinas telefónicas de calle, pensar lo que queremos decir, decidir a quién hacerlo y esperar al momento exacto para usar las mejores palabras. Pronto habrá que explicar que antes existía la paciencia, un esperar sano que, a menudo, llenaba los hechos de ilusión y volvía la vida más intensa cuando estos llegaban.
Fotografías: Cabinas telefónicas de París y, también, Júlia. París, Marzo 2010.
Marta Sesé Fuentes
Hablar por hablar. Se pierde ya el diálogo con uno mismo, el pensamiento intrínseco que es el que, verdaderamente, nos permite entablar conversaciones con los demás.
Quizás debiéramos quedarnos callados ante antiguas cabinas telefónicas de calle, pensar lo que queremos decir, decidir a quién hacerlo y esperar al momento exacto para usar las mejores palabras. Pronto habrá que explicar que antes existía la paciencia, un esperar sano que, a menudo, llenaba los hechos de ilusión y volvía la vida más intensa cuando estos llegaban.
Fotografías: Cabinas telefónicas de París y, también, Júlia. París, Marzo 2010.
Marta Sesé Fuentes
