
Los que andan deprisa aun sin tener prisa olvidan el silencio de lo quieto, la calma de lo lento y el sosiego de lo tranquilo.
Empujados por agujas de reloj que algunos ni siquiera llevan en sus muñecas, caminan precipitadamente, ciegos, empujados por una agenda apretada sin espacios en blanco.
Disfrutar de los entreactos de la vida es poder ser testigo de aquellos pequeños detalles e insignificantes imprevistos que, al fin y al cabo, nos vuelven a cada uno de nosotros tal y como somos.
Fotografía: Rincón de “La Défense” París, Francia. Marzo 2010.
Marta Sesé Fuentes