Entiendo perfectamente lo que me dice. Y le digo que me parece más bonito una silla solitaria, libre, que incluso no está colocada según la misma retícula que las demás. Entiendo que apele usted al orden pero aborrezco que, dondequiera que mire, se alcen esas mismas patas hacia el cielo, en los mismos ángulos, con la misma pintura desconchada, con la misma herrumbre, con la misma gomita al final. Todo tan igual que aunque mi vista se enturbie y desenfoque cuando el horizonte acecha, sé perfectamente que allí también se cumple ese orden, que no hay nadie que se salga de él... ¿Si el resto de sillas lo cumplen que más dará que yo me haya salido de él?
Si, así que esa es mi razón para huir del montón y situarme cerca de una de las pocas sillas donde es lógico y racional sentarse. Me parece estúpido tratar de sentarse en una silla patas arriba. Es más, es físicamente imposible, aunque la humanidad se tire su vida intentándolo.
Yo lo tengo claro... Esos rayos de sol al atardecer me convencieron que es inútil fingir, mantener una posición incomoda. Me deslumbraron entonces y lo siguen haciendo ahora, incluso cuando las nubes tapan el sol o en el cielo no brilla nada más que el recuerdo de la luna nueva.
¿Que como se llama ella? Marta, le he dicho, no lo olvide. La reconocerá por que ella, libre y sin rendir cuentas a nadie, al contrario que el resto transmite mucha más paz y serenidad que ese orden abyecto del que usted me habla.
Fotografías: Sillas del “Le jardin du Luxembourg”. París, Francia. Marzo 2010.
Texto de Oscar Arenas (moltes moltes gràcies!).
Marta Sesé Fuentes
Si, así que esa es mi razón para huir del montón y situarme cerca de una de las pocas sillas donde es lógico y racional sentarse. Me parece estúpido tratar de sentarse en una silla patas arriba. Es más, es físicamente imposible, aunque la humanidad se tire su vida intentándolo.
Yo lo tengo claro... Esos rayos de sol al atardecer me convencieron que es inútil fingir, mantener una posición incomoda. Me deslumbraron entonces y lo siguen haciendo ahora, incluso cuando las nubes tapan el sol o en el cielo no brilla nada más que el recuerdo de la luna nueva.
¿Que como se llama ella? Marta, le he dicho, no lo olvide. La reconocerá por que ella, libre y sin rendir cuentas a nadie, al contrario que el resto transmite mucha más paz y serenidad que ese orden abyecto del que usted me habla.
Fotografías: Sillas del “Le jardin du Luxembourg”. París, Francia. Marzo 2010.
Texto de Oscar Arenas (moltes moltes gràcies!).
Marta Sesé Fuentes

