
Siempre me ha costado aprender a desencadenarme de las cosas. Me aferro a los recuerdos y a las vivencias con un terrible pánico a que en cualquier momento desaparezcan de mi mente, me lleno de cadenas que a menudo me impiden avanzar y disfrutar de la realidad de cada momento.Y aun me pregunto si los recuerdos vuelan y se marchan con el tiempo o si en cambio, todo aquello que sobrepasa los limites de la realidad queda plasmado en un rincón de nuestra persona, disponible para sacarnos una sonrisa y pensar lo buenos que fueron esos tiempos.
Sin cadenas, querer sin poseer. A menudo la ligereza de los momentos es lo que consigue que sean tan maravillosos.
Fotografía: Cadenas en Fuerteventura. Islas Canarias, Agosto 2008.
Marta Sesé Fuentes
