En cada una de aquellas curvas nacía una nueva incertidumbre junto con un abanico por estrenar de oportunidades. Una recta corta, tiempo justo para decidirse y declinarse por aquellas cartas que se nos ofrecían en cada esquina.Fotografía: Carretera. Bajando del campo de concentración “Struthof”, Francia. Marzo 2008.
Marta Sesé Fuentes
Le gustaba poner las manos bajo el agua, dejando que estas se fueran llenando poco a poco de ese fresco y transparente líquido. El agua subía de nivel al mismo tiempo que escalaba por sus dedos. Cuando llegaba al borde y estaba apunto de caer, ella, abría las manos consiguiendo que el agua se esparciera y se separara en pequeños cúmulos que explotaban al llegar al suelo. Exactamente así: Plash!
